LA LEY DE COASE
Extraido del libro Wikinomics de Don Tapscotty Anthony D. Williams
Suena a fantasía la idea según la cual inmensas redes autoorganizadas de productores de conocimiento participarán en la empresa tradicional como principal motor de producción e, incluso, acabaran poniendo en tela de juicio a la empresa tradicional. Han llegado a estar tan arraigadas en el tejido social esas torpes criaturas de época industrial que apenas reconoceríamos un mundo donde no monopolizaran la producción.
Sin embargo esta produciéndose un cambio esencial en el modo de canalizar la capacidad de innovación y creación de valor que tienen las empresas. Las empresas inteligentes y multimillonarias reconocen que la innovación suele iniciarse en la periferia del sistema. Cada vez mas, estas empresas jerárquicas están recurriendo a modelos de redes de negocios basados en la colaboración y la autoorganización, donde masas de consumidores, empleados, proveedores, socios e, incluso, competidores crean valor cooperando, sin el control directo de una dirección ¿Por qué esta ocurriendo esto? Tiene que ver con el coste cada vez mas reducido de la colaboración.
Por extraño que parezca, la historia no empieza en la década de 1990, cuando Internet se generalizó, sino en 1937. Fue el año en que un joven socialista ingles llamado Ronald H. Coase publicó un articulo titulado “La naturaleza de la empresa”. Poco antes, Coase había viajado a Estados Unidos y había visitado Ford y General Motors. Los gigantes de la industria del automóvil le dejaron perplejo. ¿Cómo podían los economistas decir que Lenin se equivocaba al dirigir la Unión Soviética como si de un gigante empresarial se tratara cuando Henry Ford y Alfred P. Sloan dirijan sus propias empresas gigantescas de forma parecida?, se preguntó. Después de todo, el mercado es, en teoría, el mejor mecanismo para emparejar la oferta con la demanda, fijar precios y extraer la máxima utilidad de recursos finitos. Por lo tanto, ¿Por qué todos los individuos no actúan como compradores y vendedores independientes en lugar de reunirse en empresas con decenas de miles de trabajadores más?
Coase sostenía que había razones que explicaban la estructura aparentemente contradictoria de la empresa integrada verticalmente. Una de las principales tenía que ver con el coste de la información. Producir una barra de pan, fabricar un automóvil o dirigir las urgencias de un hospital requerían pasos donde la cooperación estrecha y el objetivo común resultaban fundamentales para producir un producto útil. En la práctica cotidiana no resultaba práctico descomponer la fabricación y otros procesos industriales en una serie de transacciones negociadas de forma independiente. Cada transacción implicaría unos costes que superarían cualquier ahorro obtenido por presiones competitivas.
En primer lugar estarían los costes de búsqueda, como los que supondría localizar distintos proveedores y determinar la idoneidad de los bienes que ofrecen. En segundo lugar estarían los costes de contratación, como los que implica negociar el precio y contratar las condiciones. Y, en tercer lugar, los costes de coordinación que supondría encajar los distintos procesos y productos. Coase los denomino “costes de transacción”. Y el resultado fue que la mayor parte de las empresas determinaron que lo más sensato era desempeñar el máximo número de funciones dentro de la propia empresa.
Todo esto nos conduce a lo que nosotros y nuestros propios colegas denominamos “la ley de Coase”: una empresa tenderá a expandirse hasta que los costes que supone organizar una transacción adicional dentro de la empresa igualen los costes que implica desarrollar esa misma función en el mercado abierto. Cuando salga más barato realizar una transacción dentro de la empresa, es recomendable hacerlo así; es cambio, si resulta más económico salir al mercado, no hay que intentar hacerlo de forma interna.
¿Cómo ha influido la ley de Coase en Internet? En sentido estricto, la ley sigue tan vigente como siempre. Sin embargo, Internet ha propiciado que los costes de transacción caigan en picado de tal manera que, efectivamente, resulta mucho más útil leer le ley de Coase a la inversa: en la actualidad, las empresas deben replegarse hasta que el coste que supone realizar una transacción de forma interna no supere el coste que implica realizarla de forma externa. Los costes de transacción siguen existiendo, pero ahora suelen ser más onerosos en las empresas que en el mercado.
Fijémonos de nuevo en los tres tipos de costes de colaboración que establece Coase. Henry Ford y Alfred P. Sloan estaban obligados a salir físicamente en busca de proveedores con posibilidades, inspeccionar las fabricas y regatear los precios. Casi siempre, los gastos de contratar a proveedores externos eran tan elevados que quedaba garantizada la propiedad de los procesos de producción en toda la cadena de valor de la industria automovilística, aunque los eslabones individuales quedaran al abrigo de las disciplinas del mercado. El infame complejo de fabricación de Ford en River Rouge (Michigan), donde entraba caucho y acero por un lado y salía un automóvil terminado por el otro, fue el ejemplo más paradigmático. Hoy en día, las empresas de automoción escriben “palier” o “vidrio de ventanilla” en gran cantidad de intercambios industriales y negocian el precio en Internet. Si lo desean, pueden comprobar la fiabilidad de un proveedor; solo tienen que echar un vistazo al tesoro que esconden los servicios de análisis disponibles en la Red.
¿Qué ocurre con los costes de contratación y coordinación? ¿Se necesita acero de China, caucho de Malasia o vidrio de Wichita (Kansas)? Ningún problema. Los centros de distribución en línea de cada tipo de producto permiten a los compradores contratar un precio, calidad y fechas de entrega con unos cuantos clicks de ratón. Un ejecutivo, incluso, puede seguir el recorrido de la remesa en un mapa virtual que muestra su localización exacta en cualquier punto del viaje.
La ley de Coase, que antaño ofreció una clara explicación para el desarrollo de los gigantes empresariales, ahora permite explicar por que las empresas tradicionales están quedándose atrás en beneficio de un tipo de entidad empresarial totalmente nuevo.
2 comentarios:
Excelente explicación muchas gracias ;-)
Me parece muy interesante observar el proceso revolucionario del mercado por medio de la tecnologia, voy aprendiendo nuevas aplicaciones sobre esta revolucion que nos beneficia a quienes la utilizamos con el fin que fue creada. GRACIAS
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